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Cómo se manipula el mercado de materias primas

Cómo se manipula el mercado de materias primas: una mirada a cómo Goldman Sachs y otros grandes bancos manipulan el mercado de materias primas, con un enfoque en el aluminio.

por Equedia Newsletter
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Cómo se manipula el mercado de materias primas

Uno puede terminar con migraña tras ver al bocazas de CNBC, Jim Cramer, durante apenas unos minutos. El supuesto experto bursátil no solo dice una cosa y la contraria durante el mismo programa, sino que lo hace a un volumen tan alto que las tejas de mi casa empiezan a temblar. Una vez que uno supera el molesto numerito de Cramer, lo cual toma unos cinco años, se enfrenta a la realidad de que este tipo trabaja para las grandes firmas de inversión. Basta ver cómo intenta explicar el colapso financiero de 2007-08.

Al menos una vez por semana, Cramer intenta hacerse el maestro en la clase de «¿Qué aprendimos de la crisis financiera de 2007?». Menciona la burbuja inmobiliaria, los derivados ficticios, la especulación desmedida y la codicia desenfrenada, factores que de un modo u otro contribuyeron a la implosión financiera. Sin embargo, el señor Cara Roja jamás habla del motivo más importante del colapso.

Cramer nunca menciona a Goldman Sachs ni a los otros grandes bancos que manipularon el mercado de materias primas y de renta variable.

Jamás escuchará a Cramer ni a los demás telepredicadores financieros debatir sobre la influencia que tuvo Goldman Sachs a la hora de moldear el rescate a los grandes bancos. Junto con el señor Quantitative Easing, Ben Bernanke, los exalumnos de Goldman Sachs Hank Paulson y Timothy Geithner orquestaron la mayor estafa financiera en la historia de los Estados Unidos. Al rescatar a los bancos bajo el mantra de «demasiado grandes para quebrar», Paulson y Geithner encabezaron la maniobra para arrebatar al menos $15 billones a los contribuyentes estadounidenses, y quién sabe cuánto más sustrajeron estos bandidos de las arcas del Tesoro.

Este artículo no profundiza en las causas del colapso de 2007-08, sino que analiza, aportando abundantes pruebas, cómo Goldman Sachs y otros grandes bancos de Wall Street manipulan el mercado de materias primas. Los grandes bancos no juegan con las mismas reglas que la clase política impone a la gente común como usted y yo. Como demuestra este artículo, la gran banca juega con reglas diseñadas para unos pocos y que benefician únicamente a esos pocos.

Una panorámica de Goldman Sachs

Podríamos ofrecerle la típica descripción corporativa de Goldman Sachs. Podríamos empezar escribiendo que Goldman Sachs es una multinacional estadounidense, bla, bla, bla, bla, bla.

Olvidemos la descripción convencional de Goldman Sachs. Repasemos la sórdida lista de exmiembros de Goldman Sachs y su influencia en nuestra cultura.

Podríamos seguir y seguir, pero basta decir que Goldman Sachs ejerce un peso considerable en la formulación de las políticas y normativas financieras del gobierno de los Estados Unidos.

El manual de manipulación de mercado de Goldman Sachs

Goldman Sachs y otros grandes bancos de Wall Street deben de incluir la manipulación del mercado de materias primas en los programas de formación de sus empleados. La lección de hoy, clase, consiste en cómo Goldman Sachs y otros gigantes bancarios redactan las leyes que se supone que la clase política debe hacer cumplir. En esencia, la gran banca escribe el manual sobre cómo estafar a los consumidores.

Los estadounidenses pueden creer que han entendido cómo ganan dinero las mayores instituciones financieras del mundo, pero la mayoría opera bajo la premisa errónea de que las nuevas leyes de divulgación aprobadas tras el fiasco de 2007 han hecho que los grandes bancos sean más transparentes. Pues bien, ¿cómo se explica la red de 27 almacenes en Detroit propiedad de Goldman Sachs que guardan toneladas de aluminio durante 18 meses o más? En lugar de llevar el aluminio al mercado para fines de manufactura, Goldman Sachs lo almacena para cobrar alquileres y elevar el precio limitando la oferta. ¿Quién asume ese sobrecosto en la materia prima? Lo ha adivinado: los consumidores, que pagan más por productos de aluminio como latas de refresco y cerveza, así como piezas y accesorios para automóviles. La estafa equivale a que un supermercado acapare todos los limones importados, obligando a los puestos locales de limonada a cobrar más por sus bebidas caseras.

Bailando al son del 'Goldman Sachs Shuffle'

El «Curley Shuffle» era un homenaje humorístico a una leyenda de la comedia, pero la maniobra de rotación de almacenes de Goldman Sachs no tiene nada de gracioso. En 2010, Goldman Sachs compró la filial Metro International Trade Services para acumular más de 1.4 millones de toneladas de aluminio. Este aluminio le genera a Goldman Sachs 48 centavos por tonelada al día en concepto de almacenamiento. En 365 días, los grandes asaltantes de bancos sustraen cerca de 500 millones de dólares a los consumidores, que pagan el costo adicional de almacenar una materia prima con alta demanda.

Cualquiera con un mínimo de capacidad deductiva comprende que Goldman Sachs dista mucho de ser el único gran banco en este juego de manipulación de commodities. JP Morgan, el gran banco que ha expoliado a los Estados Unidos desde la creación del Sistema de la Reserva Federal, ejecuta a la perfección este baile de almacenes, aunque con otras materias primas. La maniobra se ha vuelto tan popular entre la gran banca que un grupo de diseñadores de juegos de mesa está creando las reglas para una variante de Monopoly llamada «The Warehouse Shuffle».

Goldman Sachs, en otra muestra de absoluto desprecio hacia la clase política, hace ostentación de este movimiento de almacén porque los políticos se niegan a declararlo ilegal. Cuando se cuenta con un gobierno dominado por allegados a Goldman Sachs, lo natural es que la falta de supervisión impregne los pasillos del Congreso. ¿Cómo podemos esperar leyes de supervisión, y mucho menos su estricto cumplimiento, de un gobierno subordinado a la élite bancaria?

Tampoco podemos esperar auxilio legal del otro lado del Atlántico. La London Metal Exchange (LME), ese organismo regulador británico de materias primas controlado por Goldman Sachs, se niega a frenar el acaparamiento de materias primas por parte de los grandes bancos. La LME se embolsa una comisión del uno por ciento de todas las tarifas de alquiler de almacenes en el mundo. Al menos la bolsa reconoce su participación en la trama. En los Estados Unidos, los políticos sellan acuerdos a puerta cerrada con la élite bancaria y luego extienden la mano para recibir su parte.

Jamás podremos esperar que los bancos de la Reserva Federal ni el Congreso pongan freno a esta rotación de almacenes. Después de todo, ambas instituciones flexibilizaron durante la década de 1990 las restricciones que impedían a los grandes bancos participar en la gestión de materias primas físicas. Cuando exmiembros de Goldman Sachs ocupan puestos en el Congreso, en el 1600 de Pennsylvania Avenue y en los consejos de administración de los bancos más grandes del planeta, lo único que nos queda es mirarnos las caras y gritar al unísono: «¡ESTAMOS PERDIDOS!»

El juego del dinero ficticio

Los cuellos de botella en el suministro de materias primas creados por los grandes bancos apenas representan la punta del iceberg financiero. Todo aquel familiarizado con el rescate bancario sabe cómo Goldman Sachs y su comparsa de grandes bancos saquearon billones de dólares de los bolsillos de millones de estadounidenses. La gran banca desempeña un papel clave en la financiación del mercado de materias primas. Los banqueros de inversión de las principales entidades tratan a las materias primas físicas como activos puramente financieros con los que especular, y no como activos reales necesarios para impulsar la economía.

Sabemos que el propósito original de la negociación de materias primas y sus derivados se desvirtuó por completo una vez que los grandes bancos comprendieron que podían usar estos activos como coberturas contra la inflación. Esta nueva estrategia transformó los mercados financieros. Hoy existe una proporción de casi 10 a 1 entre el dinero invertido en fondos de inversión de materias primas y el invertido en fondos de renta variable. El acelerado crecimiento de estos fondos de materias primas ha otorgado a grandes bancos como Goldman Sachs un mayor apalancamiento para dictar los precios de los activos y una mayor influencia a la hora de determinar la volatilidad de los precios.

Goldman Sachs, junto con otros grandes bancos, descubrió que al combinar el control de las materias primas físicas con el dominio de los mercados de futuros y derivados, disponía de todos los resortes para manipular cada engranaje del sistema financiero global. El control de las materias primas físicas permite a Goldman Sachs influir en las cotizaciones que, en última instancia, determinan los precios de los derivados. Los banqueros idearon una ingeniosa estrategia que, como veremos al final de este artículo, solía ser ilegal. Ciertos observadores financieros (no Jim Cramer) han señalado que la participación de los grandes bancos en el baile de almacenes oculta deliberadamente los datos reales de oferta.

Todo apunta a que los altos mandos de Goldman Sachs se educaron viendo la película Trading Places (De mendigo a millonario).

La manipulación del mercado de materias primas surge de conquistar una posición dominante en el mercado de derivados y, a la vez, asegurar una posición de control sobre el flujo de las materias primas físicas. Los reguladores gubernamentales y el Congreso deben fijar directrices inequívocas para evitar la manipulación del mercado físico de commodities. En la actualidad, los reguladores bancarios no consideran que velar por la integridad de los mercados de materias primas forme parte de sus competencias. La Commodities Futures Trading Commission regula los mercados de derivados de commodities, pero no supervisa el comercio de las materias primas físicas. Por su parte, la Securities and Exchange Commission regula los mercados de valores, pero se mantiene al margen de los mercados de materias primas.

Lo que tenemos aquí es una falta total de comunicación.

La máquina de propaganda de Goldman Sachs

Por si controlar a las marionetas de Washington no fuera suficiente poder, Goldman Sachs recurre a una táctica más que probada para difundir su propaganda. Verá: Goldman Sachs y el resto de Wall Street pretenden hacernos creer que son los buenos de la película, acosados por supervisores gubernamentales sin escrúpulos. Por desgracia, los perros guardianes han comido demasiadas galletas de premio.

He aquí algunos extractos destacados de una explicación reciente emitida por Goldman Sachs sobre su manipulación de materias primas, según consta en su sitio web.

«Como parte de nuestras actividades como creador de mercado, o intermediario entre compradores y vendedores en materias primas y futuros y derivados de materias primas, Goldman Sachs, al igual que otras instituciones financieras, mantiene materias primas físicas en inventario».

Cuéntennos algo que no sepamos.

«Mantenemos una posición de inventario en una materia prima física determinada con el fin de satisfacer las necesidades de nuestros clientes o como cobertura para posiciones en futuros o derivados de materias primas que asumimos como creadores de mercado».

Retienen el aluminio durante más de 18 meses para amasar enormes beneficios a costa de restringir la oferta.

«Informaciones periodísticas recientes han acusado incorrectamente a Metro de crear deliberadamente escasez de aluminio y han afirmado sin fundamento que Metro traslada el aluminio de un almacén a otro con el fin de cobrar más tarifas de alquiler».

No, las noticias de prensa —y han sido varias— informaron con precisión que Goldman Sachs mueve el aluminio entre 27 almacenes con la intención de cobrar gastos de almacenaje y lucrarse con el alza de precios. Fuentes de The Wall Street Journal y de la revista Forbes han documentado su pequeña trama, no una web de conspiraciones cualquiera que se pueda despachar a la ligera como locura marginal. Es más, muchos de los periodistas que cubren estas historias para ambos medios mantienen estrechos lazos con directivos de su entidad y de otros grandes bancos de inversión, como JP Morgan.

«También mantenemos otras operaciones con materias primas físicas como inversiones. Esto incluye a Metro International Trade Services, una empresa de almacenamiento de metales que adquirimos en 2010 y que opera bajo la normativa de la London Metal Exchange (LME)».

Resulta curioso, puesto que operan dichos almacenes en territorio estadounidense. ¿Qué tiene que ver la LME con su secuestro del aluminio?

«Los inventarios de aluminio de la LME aumentaron a más del triple, pasando de 1.2 millones de toneladas antes de la crisis a más de 4.5 millones de toneladas a mediados de 2009. Como resultado, se acumularon grandes cantidades de metal en determinadas ubicaciones».

La pieza propagandística incluye una generosa dosis de neolengua orwelliana con el propósito de confundir a la mayor cantidad de gente posible. La estrategia parece estar dando frutos.

¿Cuándo acabará esto?

A estas alturas, ya debería tener al menos el bosquejo de un cuadro muy turbio en el que Goldman Sachs y otros grandes bancos participan en una manipulación descarada de las materias primas. Estas grandes casas de inversión también manipulan valores artificiales utilizados para cubrirse contra las pérdidas en sus apuestas sobre materias primas físicas. No obstante, cabe preguntarse cuánto tiempo más piensan tolerar estadounidenses y canadienses el evidente saqueo de sus respectivos países.

Puede que haya una luz al final del túnel, pero nadie parece saber si se trata de un faro de esperanza o del estruendoso tren de Goldman Sachs lanzado hacia el desastre.

Aún no está claro si el banquero de Goldman Sachs Rajiv Gupta acabará siendo el chivo expiatorio del colapso financiero, pero parece probable que cumpla condena en prisión por desempeñar un papel protagonista en la selección minuciosa de las hipotecas más tóxicas de los Estados Unidos. Tras elegir estos activos tóxicos, los vendió a terceros a sabiendas de que el estallido inmobiliario era inminente. La acusación formal sostiene que tanto Gupta como Goldman Sachs engañaron a bancos europeos haciéndoles creer que esas hipotecas tóxicas tenían valor real. Los cargos también contemplan el fraude premeditado a inversores clientes.

Esto no debería sorprender a nadie que haya seguido la pista al baile de almacenes de Goldman Sachs. Durante los últimos 100 años, Goldman Sachs se ha aliado con las casas de Rothschild, Morgan, Rockefeller y Warburg para esquilmar la base industrial estadounidense y canadiense, lucrándose de los ciclos maníacos de auge y caída provocados por el dinero fiduciario. Personajes influyentes de Citibank, Chase Manhattan, Lehman y Merrill Lynch recibieron multimillonarios rescates justo antes del crac de 1929. La indignación popular en EE. UU. dio lugar a la aprobación de la Ley Glass-Steagall, la cual derogó el presidente Bill Clinton en 1995 tras consultar con el ex Goldman Sachs Robert Rubin.

En abril de 2011, el Subcomité Permanente de Investigaciones del Senado (un nombre muy grandilocuente para un comité sin capacidad sancionadora) publicó un extenso informe en el que describía el papel de los grandes bancos durante el crac de la renta variable y del mercado subprime. Más del 40 por ciento de las 640 páginas del documento detallaban las prácticas fraudulentas que Goldman Sachs aplicó en la colocación de valores respaldados por hipotecas y obligaciones de deuda colateralizada (CDO). El informe acusaba además a Goldman Sachs de esquilmar a sus clientes vendiéndoles valores inservibles contra los cuales la propia firma apostaba en corto.

La tensión subió de tono recientemente, cuando el exinspector general especial para la supervisión del rescate declaró: «Fue alarmante comprobar cuánto control tuvieron los grandes bancos sobre su propio rescate». Continuó la entrevista arremetiendo contra el secretario del Tesoro de Obama, Timothy Geithner, por encubrir las maniobras de las grandes firmas de inversión de Wall Street y manipular el Libor cuando Geithner presidía la Reserva Federal de Nueva York. «Geithner y los demás reguladores deberían rendir cuentas», afirmó. «Deberían ser despedidos sin excepción… Espero ver gente esposada». Las críticas cobraron aún más fuerza cuando Greg Smith, director ejecutivo de Goldman Sachs, presentó su renuncia mediante una columna de opinión publicada en The New York Times. Cargó con dureza contra la tóxica cultura de codicia y fraude de Goldman. «Me enferma la frialdad con la que se habla de estafar a los clientes», escribió.

¿Qué son 500 millones de dólares para Goldman Sachs por mover aluminio de un almacén a otro, cuando los grandes bancos pueden expoliar las economías de Estados Unidos y Canadá por sumas infinitamente mayores?

La relación de conveniencia mutua entre Wall Street y el gobierno de los Estados Unidos se reduce a una puerta giratoria que sitúa a antiguos ejecutivos de Goldman Sachs en puestos de poder desde los que se define la legislación y la regulación financiera. Antiguos capos de Wall Street blindan sus currículums de cara a futuros sueldos de ocho cifras ofreciendo cobertura a los criminales que acaparan materias primas y colocan valores sin valor alguno.

Jamás podremos poner fin a este despropósito si no damos un paso al frente y exigimos responsabilidades a nuestros líderes políticos por su complicidad en el gran expolio de Estados Unidos y Canadá. Cada cuatro años, los estadounidenses desechan la basura vieja para reemplazarla por otra más nueva. Tanto el Partido Republicano como el Partido Demócrata se pliegan a las exigencias de la gran banca de inversión. De hecho, un repaso a las dos últimas administraciones revela una cantidad prácticamente idéntica de exejecutivos de Wall Street gestionando operaciones dentro del Departamento del Tesoro. Goldman Sachs ostenta la mayor representación, pero eso no exime a los demás grandes bancos de asumir su cuota de culpa por sus prácticas corporativas fraudulentas.

Resulta sumamente frustrante ver a los mismos banqueros corruptos llevando la batuta. Explique a sus amigos lo que ocurre entre bastidores en Washington y en Wall Street. Cada vez más personas están dispuestas a enterarse de cómo Goldman Sachs las tiene acorraladas contra un bidón lleno de aluminio. Y por encima de todo, apague los medios convencionales y busque su información financiera en otras fuentes. Esos medios representan a Wall Street, no a la economía real de la calle. Sé que a Jim Cramer esto no le sentará nada bien, pero a mí me hace sentir mucho mejor.

Al menos ya no tengo que soportar las migrañas que me provocaba su voz chillona.

Editor colaborador de Equedia,

Don Potochny

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